Aquí encontrarás un proceso. Dibujos diarios, etapas de proyectos y bocetos que puedes comentar, discutir y opinar.
Para ver un portafolio de obras terminadas puedes ir a http://anilinaverdeazul.tumblr.com/

sábado, 12 de diciembre de 2009

De los muertos que están vivos.

Fue algo que nunca sanó,
Hubo que echarle tierra con el muerto aún vivo.
Ese muerto sufría de catalepsia.
O al menos eso decían las matronas del pueblo.
Y yo que fui, no la que cavó el hoyo,
pero sí la que lo tuvo que echar la tierra húmeda
sobre el cadáver aún respirando.
Yo soy la que lo veo por las noches,
a ese muerto vivo nunca se le curó el cáncer.
Fue algo que nunca sanó.
Y aunque dicen que el cáncer no es contagioso,
pues heme aquí con una metástasis.
En el exámen salió que ya el corazón lo tengo comprometido,
que los pulmones padecen edemas
y que es difícil que les entre el aire.
Que las víceras ya no digieren.
Ese difunto al que aún le latía el corazón
se me aparece a veces de noche.
Casi nunca soy conciente,
habita dentro de mis onirismos.
Pero cuando abre la puerta de lo conciente,
entonces veo su rostro, algo curtido, algo morado,
algo putrefácto, debe ser ya del olvido que le aqueja,
Y siento que…
Que…
Bendito sea Dios y me perdone por lo que voy a decir.
Siento que…
Joder…
¡Que lo amo, Coño!
Fue algo que nunca sanó.
Al menos eso dicen los que me conocen más que yo.

martes, 8 de diciembre de 2009


domingo, 15 de noviembre de 2009

Lie to Me

martes, 22 de septiembre de 2009

Ojo con sangre


Autorretrato con sangre

jueves, 3 de septiembre de 2009

Au revoir

“Au revoir”,
Fueron sus últimas palabras.
Con el amor en los labios despidiose de ella.
Con gotas de mar en sus ojos exhaló su último suspiro.
Y se fue, por el camino que llevaba hacia el sol.
Ella se quedo arriba,
en la Luna.
Nunca regresó,
Nunca se le vio de nuevo en la colina.
Dicen quienes la vieron
sentada en la otra cara de la Luna
que había quedado ciega.
Ciega porque siempre veía lo mismo.
ciega porque sólo miraba hacia adentro,
o ciega de admirar la magia de Júpiter,
o por la fantasía de su piel.
Quedose muda también,
pero su aliento aún era como la miel.
Bailó en las playas lunares
el ballet de su alma.
Bailó hasta que sus zapatillas rompieron,
bailó hasta que sus ropas cedieron,
bailó hasta que la sangre hirvió,
y desmayó en la arena blanca,
entre caracoles y estrellas,
entre luces y planetas.

Sin título

Tenues entre los árboles despeinan
los rayos de sol al amanecer,
que yace adormilado
en las caras, en los sueños,
y en el profundo azul grisáceo del cielo.

Agita con sus silbidos
el viento a las ramas,
y susurra a las hojas
palabras que no se oyen.

Alborota las piedras
el agua salvaje,
que corre libre
como potro en la sabana.

Palpita el corazón
Perturbado por los recuerdos.

Las manos desgreñan
la tranquilidad del que piensa,
del que engaña,
del que mira hacia adentro;
de quien se enamora
y se pierde para siempre
en el mar de la memoria.

martes, 25 de agosto de 2009

The best of both worlds


Horse-Woman Eye


Dark Fairy


In love with J.




Cat Power

Earth Girl


Pez

Made by the sand




Shut up


Est-ce que tu sais?


Tears of Blood

I cried these for you.

jueves, 20 de agosto de 2009

Puede ser, tal vez.

Quiero nadar entre tus lunares,
o con delfines al amanecer.
Respirar el aire tibio de tu boca,
puede ser.

Quiero ver las luciérnagas
danzando sobre nuestros cuerpos,
en una noche estrellada,
tal vez.

Quiero sentir el arrullo
de las olas del mar,
sentados en la arena,
esperando el alba.

Tumbados en la hierba,
en la arena o en el mar,
quiero oir tus susurros,
hasta que me hagan amanecer.

Sentir tu aliento dulce, cálido,
o salado, como la crespura del mar.

En la montaña escuchar los grillos,
las partituras de la noche,
que nos cantan,
cuando nuestros cuerpos se acercan
y comienzan a sudar
y el corazón empieza a delatarnos,
con sus sonidos feroces,
aún hasta el amanecer.

Al aclarar el día,
nuestros cuerpos siguen suspirando,
en la playa,
en la arena,
en la hierba.
Puede ser,
tal vez.

Un oeil


Anoche toqué una estrella

Anoche toqué una estrella.
Era como el hielo,
fría, helada, gélida.
La noche estaba oscura,
y las estrellas danzaban,
entre las nubes se escondían,
rezaban, jugaban, corrían,
nadaban, cual delfines,
entre olas de vapor.
Las estrellas son los delfines del cielo,
tan calmas, tan dulces.
Las estrellas son las luciérnagas del firmamento,
y alumbran pastizales de nubes,
con luces intermitentes,
que prenden y apagan.
Anoche toqué una estrella,
la cogí entre mis manos,
y brillaba, con su luz blanquecina
en mis manos manchadas de pintura.
Y le hablaba, a mis oídos adoloridos por la música.
Y preguntaba, a mi boca untada de poesía.
Y rozaba mis manos, untándolas de polvo de estrellas.

Silencio de luna

Estamos los dos solos.
El rumor de las olas se escucha a lo lejos.
Pensamos en estrellas,
en el amanecer.
El mar arrastra los caracoles,
y viajan sonoros hasta el final de la playa.
La arena acaricia nuestros pies,
la luna dibuja nuestras siluetas.
Tu aliento se mezcla con la brisa salada del mar.
Mis pupilas reflejan las estrellas y tus ojos.
Tus ojos no reflejan los míos,
solo susurran palabras del mar.
Y yo te beso con mis ojos.
Y yo te beso.
Y yo te canto.
Y tu me escuchas.
Y no dices nada.
Me miras con ojos tristes,
con ojos de adiós.
Sólo callas.
No encuentras los besos
para una dulce despedida.
Y yo te miro.
Y yo te beso,
con mis ojos.
Y tu callas.
Y bajas tu mirada a los astros azulados.
Tu silencio es lunático.
Tu silencio es de estrella.
Cuando te toco te quemas,
te destiñes,
y lloras.
Y tus cenizas se mezclan con la arena
entre huellas marrones
entreborradas por las olas salvajes del mar.
Y la luna sigue intacta,
como si estuviera inerte.
Pero está viva,
más viva que nunca.
Arde de pasión,
como nosotros cuando nos besabamos
cobijados con la arena
y las olas tibias del océano inmenso.
En la playa todo muere.
Tus ojos mueren,
enterrados en la arena.
Y yo agonizo.
Morimos juntos,
de amor,
por el mar,
por el cielo.

Un abrir y cerrar de ojos

Cuando nacemos, abrimos los ojos para conocer el mundo.
Cuando envejecemos, los cerramos para olvidarlo.

Cuando queremos ver,
los párpados se nos separan por kilómetros.

Cuando queremos ver mejor,
Simplemente los cerramos.

¡Cuántas veces cerramos los ojos para ver mejor!
Los abrimos para ver,
los cerramos para mirar, para imaginar, para escapar.

Pero los abrimos de nuevo,
para escondernos de los fantasmas internos,
que aparecen en el silencio,
en la oscuridad de nuestros párpados cerrados.

Los abrimos para distraernos,
y los cerramos para divertirnos.
Los cerramos para olvidar,
los abrimos para reconquistar.

Y los volvemos a abrir para olvidar,
para olvidar lo que nos hace imaginar, y soñar, y sufrir.

Los abrimos para volver a la realidad.
Los cerramos para tener minutos de ensoñación.

Los cerramos para visualizar,
pero pronto los abrimos para no chocar.

Y los cerramos cuando estamos cansados del éxito monótono,
para enloquecer por dentro.

Y de nuevo los abrimos cuando no soportamos el fracaso de la fantasía.

Y los cerramos para tener, para sentir.
Y los abrimos para desaparecer, de golpe,
para ser invisibles.

Y así se pasa la vida,
en un abrir y cerrar de ojos,
para ver, para no ver,
para ver mejor,
para vivir mejor,
o para pretender no vivir lo que nos toca.

Yo se lo advertí y no me hizo caso

Yo ya quiero cortar relaciones con el amor.
Odio el amor.
Lo quiero enterrar, vivo.
No con catalepsia.
Sino vivo.
Con el corazón latiendo,
Con la sangre fluyendo,
Las arterias constriñéndose,
Las venas hinchándose.
Vivo, como una lombriz en la tierra.
Con las patas agitándose,
Como una cucaracha,
Lo quiero enterrar vivo.
Por pura maldad,
Por maldad humana.
Oir sus gritos desde seis metros de profundidad,
Y oir los rasguños que hace en la tapa de su féretro,
Oir su garganta rasguñada,
Quedándose sin voz,
Suplicando que lo salven,
Que lo saquen de la tierra húmeda,
Para poder volver a mover sus manos,
Y ahorcarme con ellas.
Quiere que lo saquen porque ya vio que me puedo vengar.
Y quiere que lo saquen porque se quiere burlar de mí,
Convertirme en un objeto,
Creerse Sartre.
Pero yo le quiero hundir un hacha en la cabeza
Y verlo desangrar,
Supurando sangre por todos sus poros,
Y ver sus ojos salidos de las órbitas,
Intentando enfocarme
Para suplicarme que lo salve.
“No señor, yo soy vengativa,
Ya se lo había advertido.
Y le dije que no se metiera conmigo,
Que le hundía un hacha o lo enterraba vivo”.

¿Cuál es tu color favorito?

¿Cuál es tu color favorito?
Porque me vestiré de él los días que me queden
¿Cuál es tu color favorito?
Porque te quiero pintar el cielo con crayolas
¿Cuál es tu color favorito?
Porque escribiré unos versos de ese color
¿Cuál es tu color favorito?
Porque cuando te vea me son-coloraré
¿Cuál es tu color favorito?
Porque voy a llevarte a nadar con delfines del color que ames
¿Cuál es tu color favorito?
Que te cocinaré un pastel con aniLINA
¿Cuál es tu color favorito?
Que dibujaré tu rostro en mis sueños
¿Cuál es tu color favorito?
Que cuando te vuelva a ver te rozaré la mejilla con un pincel
¿Cuál es tu color favorito?
Prometo que mis besos serán de ese matiz
¿Cuál es tu color favorito?
Que pintaré las calles con acuarela
¿Cuál es tu color favorito?
Porque te haré una canción con sinestesia
¿Cuál es tu color favorito?
Que me tatuaré el cuerpo del que tú desees
¿Cuál es tu color favorito?
Prometo que la noche ya no será gris
¿Cuál es tu color favorito?
Que el arcoíris ya será monocromático
¿Cuál es tu color favorito?
Que haré un castillo en la arena del color que quieras
¿Cuál es tu color favorito?
Dímelo, dímelo,
que prometo que sólo te amaré con tu color favorito.

Sin título

Ella era un poema que se deshizo con el viento.
Ella fue una flor que murió en primavera.
Ella fue el papel.
Él fue el lápiz.
Se dejó escribir, tachar, borrar, hacer y deshacer.
Al final él la arrugó y la arrojó al viento.
Descalza, como era, voló como una hoja de otoño. Se enredó y se trenzó con las volutas del aire, tranzportando el amargo aroma del amor.
Entonces se deshizo entre jirones de viento.
Ella fue incertidumbre. Fue un sonido leve, casi imperceptible; un sonido de la noche descubierto por él.
Ella fue un dibujo.
Fue una novela.
Ella fue ella sóla y nadie más.
Nadie nunca la quiso.
Excepto él.
Pero él la borró y la arrojó lejos.
Sólo volvieron pedazos rotos de papel, que se mezclaron con el pelo de él. Se arremolinaron en su cara y le recordaron el aroma de esa cándida mujer y el sentir de sus ojos infinitos.

La hora de mi muerte

Faltan tres minutos para la hora de mi muerte. Todas las noches muero. A las ocho en punto. No puedo parar de pensar que sólo me quedan ciento ochenta segundos de vida. Sé que debo vivirlos sin pensar en mi muerte, pero no puedo. Me ahoga la angustia. Sólo puedo pararme, inmóvil, a tres baldosas de la puerta, a esperar el final. Intento no recordar la infancia para no llorar. Detesto llorar. Odio recordar las viejas noches de silencio, no lo soporto. Pero tampoco soporto el bullicio de mi muerte. Ahora el tiempo se mutila, recorta sus patas, ya no camina, cojea hacia mí, me suplica que lo compadezca, llora a mis pies, me suplica que le tenga paciencia. Pero él es cruel conmigo, y yo soy orgullosa y vengativa. No lo perdonaré. Porque ya faltan 10…9…8 segundos y desde adentro escucho los amenazantes pasos en el corredor. 7…6… y las llaves, presas en su círculo, cuchichean, se burlan de mí. 5…4… una puerta pesada se cierra con violencia; eso parece, pero en realidad ese ruido sordo fue una grave carcajda. 3…y los pasos se acercan a mi puerta, o a la que era mi puerta. 2… y siento cada impulso nervioso, cada movimiento muscular, el traquear de los huesos ajenos, el brazo que se adelanta para hacer timbrar el sonido que hace infartar mi corazón, el sonido que yo identifico como el de la muerte. Mis latidos aumentan, la presión de mis venas es insoportable y me hincha la cabeza, estoy a medio segundo de una apoplejía. 1… Llegó la hora. Es el final. Ya no hay silencio, ya es pura bulla, puro ruido contaminante; lo oigo afuera y adentro, porque por más que intente concentrarme puedo oir la sangre reventar las arterias, constreñirse mi aorta; ya es oficial, lo siento, y estoy muerta. ¡No! ¿Dónde estoy?, veo todo negro, ahh! Ahí está el tomate, y ahí la carne, pero que rápido se fue, no pude comer, no llegué a tiempo. No, no llegué porque ya estoy muerta y los muertos no caminan, pero nadie se ha dado cuenta. Creo que estoy en una iglesia, pero no me agrada la idea, siempre las aborrecí, aunque para cualquiera podría ser una bendición ir a la iglesia cuando se muere. Para mí es un castigo. Lo baldío pasó a ser un trigo que sabe mal, porque ya no me gusta más este lugar tan frío. El aire entra por la puerta eclesiástica y eso me enferma más. Intento embutirme todo de una vez y salgo corriendo a mi encierro, para ver si vuelvo a respirar. Aire fresco, un poco contaminado, pero ya me siento como un pez marino que mordió un anzuelo, se desangró ante las risas de la gente, y ya agonizante, aunque con un poco de vida, lo depositaron en agua dulce; agua es agua. Empiezo a revivir, pero ya no es igual. Sólo cuando el reloj digital marque las doce, volveré a nacer, y el tiempo y yo nos conciliaremos otra vez. Entonces será un nuevo día en que el crepúsculo comienza faltando tres minutos para las ocho.

El caso bucólico

Estaban sentados frente al fuego, recordando sus vidas inmortales. Desde adentro podía observarse y casi sentirse el frío que hacía afuera. Su voz recordaba con un timbre nítido aquellas historias del renacimiento. Comenzó contando, secretamente, una historia real, la suya, pero agregó un final inventado que siempre había soñado, la muerte. Es bueno soñar con morir cuando se vivirá eternamente.

“...Por aquellas épocas, se encontraba en Jericó, uno de esos jóvenes jinetes bohemios. Se dedicaba a deambular por el viejo mundo asaltando a quien quiera que se cruzara por su camino. Era realmente un hombre dedicado a la buena vida, no pertenecía a ningún lugar y en realidad nunca lo hizo; pasaba las noches en un claro del bosque con su caballo siempre ensillado, o en un hospedero de mala muerte que no le exigiera demasiado dinero. Se dedicaba a tocar guitarra o clarín, y componía una que otra sonata. Pasaba el día fume que fume, disfrutando de las buenas hierbas, y de vez en cuando reñía en un bar aledaño. Amante además del buen licor, no había para él nada que se comparase con el sabor agridulce de una mujer. Pueblo tras pueblo, asalto tras asalto, era, a fin de cuentas, lo mismo que mujer tras mujer. En realidad nunca existió pecado para él. Según había oído, el único pecado real y existente era el robo, lo demás era una derivación de él; y como su vida consistía en el hurto, no era éste, para él, un pecado sino un placer.Habiendo descrito pues, a nuestro personaje y a sus lívidas costumbres, situémoslo en una vereda, cerca de Jericó, casi en la cima de cualquier montaña. Allí se encontraba nuestro ilustre personaje tras un día de prolíficos asaltos, con sólo puesta una bota y recostado en un claro, en la hierba casi ortopédica, con la cabeza apoyada en una roca musgosa y una pajilla masticada en la boca; y para añadir un poco de romance a nuestra historia, bajo la luz cegadora de la luna, mientras vocalizaba algún poema, un soneto en vascuence; tras haber comido un banano –que era su comida casi usual en los viajes largos- y haber fumado un cigarrillo de hierba española que conservaba de su último viaje a Navarra. Las voces noctámbulas de grillos y ranas componían una sinfonía que no cesaba. Casi era como si hubiesen acordado regalarle una acogedora velada al hombre de cabellos castaños que yacía tumbado en aquella ceba.Se despertó pues, al día siguiente del ensueño que le produjo la hierba navarra, y notó que tenía el brazo izquierdo de un morado intensó, y que además le provocaba, paradójicamente, un dolor intenso a este hombre inmortal. Tenía el cúbito roto. Apuntó con un rifle a la rama de un piñón y ésta cayó provocando un estruendo que hizo volar a cualquier ave que allí se encontrase. Preparó un brebaje de rama de piñón, y lo adobó con otros ingredientes que no creo necesario nombrar. Ingirió semejante mezcla y tras varios intentos de vómito, la tragó, y en tanto, su cúbito se hubo curado.Se levantó, ya con gozo de estar sanado, y tras haberse montado en su penco, partió galopando hacia el sur. Evidentemente, realizó varios asaltos en el camino y se cobró sus fajos de dinero. De vez en cuando, cuando el peligro asechaba, mataba a uno que otro hombre, o mujer dado el caso. Todos eran peones. Matar, consistía para él en un orgullo o una satisfacción casi incomprensibles, y dadas sus circunstancias, la muerte era lo que más disfrutaba. Cada pueblo por el que pasó, fueron varios duros pagados a muchas mujeres.Y a su modo, la historia de aquél hombre tiene un final feliz, al menos para él. Nada puede ser sustancialmente malo, y menos para este actor, del que, muy remotamente volveremos a hablar. Irónicamente fue víctima de su mayor placer, una tarde violácea, en una orgía de matanzas, su cara palideció y la luz abandonó para siempre sus ojos. Su cuerpo quedó hundido bajo la escalera.”

Y tras haber dicho ese último vocablo de su historia, no hubo verbo que desgarrase la noche. Su séquito inmortal se puso de pie y se marchó sin decir palabra. Él se quedó sólo, imaginando la muerte, mirando al fuego, e inconscientemente acercándose a él.

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Hola a todos!
Este es mi nuevo blog y aquí publicaré arte y literatura.
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