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sábado, 25 de septiembre de 2010

Ni idea

Encontré esto haciendo limpieza en mi PC y aún no sé de qué estoy hablando. No recuerdo en qué momento de mi vida lo escribí, tiene fecha de Julio 04 /2010.
Repito: (no sé de qué estoy hablando)

Ya he antes andado por este camino. Y todas estas veces que he entrado por la misma puerta escucho simpre la misma voz, y veo siempre los avisos de advertencia. Sé que es un camino azaroso, pero me atrae su poder para generar heridas y dolor. Pedregoso, arenoso, atrevido, temerario, expuesto, injurioso, grosero, punzante, cortante. No sé si deba andar por allí, a mí eso no me incumbe. Nunca llego al final porque me falta sangre suficiente para sangrar. Entonces regreso y salgo por la puerta alambrada por la que entré y tomo la carretera asfaltada que es mucho más fácil, segura, limpia, sana y conduce a donde casi todos han ido. Aunque, confieso que muchos han llegado al final del camino pedregoso y con una reserva de sangre. Uno nunca vive para contar el final de un viaje. Otros cuentan la historia en lugar de uno, así que no da más si anduve por el camino horroroso o por el pálido y asfaltado camino del sol. A mí me gustan las sombras de este camino, porque me gusta ver la luz desde dentro de la caverna. Este es el camino de los desesperados, de los infortunados, de los adictos a la vida. No. Los adictos a la vida no andan por el camino de luz y sol. Porque ese camino lleva muchísimo más fácil a la muerte. Conduce de una manera más derecha, más firme, más limpia a la muerte. Este camino, en cambio, es sufrido y pantanoso. El final es una tina caliente y ropa limpia. Me encanta sentir el dolor de las tunas clavándose en mi piel. Amo el dolor de una cortada, el aroma dulce de la sangre y del vino tinto. Venero el cansancio en los huesos que me produce este camino. No niego que tiene defectos. Por ejemplo, las veces en que he desistido, es porque esta carretera me cuesta algunas lágrimas. Entonces tomo el camino de los felices infelices que caminan por el asfalto. Pero, como ya he dicho, ese camino dirige más fácil a la muerte y no demoro en sentirme envejecida y descansada. Ahora estoy aquí, en la caverna, y veo las sombras en la pared. Este es el camino de los hedonistas. El placer se esconde en cada paso, en cada huella que se ha dado, en cada huella que falta por darse. El placer se esconce en las cuevas y entre las hierbas desconocidas. El placer se esconde en cada beso, en cada cosa que hace alucinar; en cada cosa que adormece la conciencia, y en cada cosa que la vuelve a despertar. A mí no me importan las reglas bajo las cuales se deba vivir la vida. Voy por el camino de los rebeldes.

Cadáver exquisito

Una variación de Cádaver exquisito con Julián
Abril 02 / 2010

Bailaba un color entre la arena blanca

y se quejaba de la impune marea

y de las olas que bautizaban sus pies como hijos del mar.

Se alejó a 3 pasos entrecortados del vociferante ocaso

y miró hacia esa delgada línea donde el mar y el cielo se unen un rítmico violeta.

Danza alocado con la brisa y los pájaros,

pero el olor del viento le recuerda su intenso dolor,

olor a sangre y descaro, vergüenza de su acto, muerte que ronda las camadas de los infelices peces.

Y el lento vuelo de la gaviota que desciende sobre las aguas plateadas le recuerda el cabello de su amada.

Su amada Constanza... si que era su amada,

escribía poemas de lo claro de sus ojos cada verano,

y del blanco fascinante de su piel, tan blanco que el dulce olor de su sangre lo traspasaba.

Las feromonas tácitas del encuentro, clímax vespertino, dolor del recuerdo,

y la angustia resbala por sus cándidas mejillas en una lágrima que no refleja ya la luz.

No tiene cuando, no espera ya partida, es un segundo escaso en el caprichoso lapso del tiempo.

Y se siente tan profundo como un instante eterno. Las olas no cesan, los barcos duermen en el muelle, las velas no atracan en el puerto. Se ha ido, ahora es tan cierto como el gris crepúsculo que bajo las nubes escampa.

Es una oda a la tragedia, su vida un libreto romance, una burla de los dioses, un enigma del desamor. No tiene ya anhelos, no refleja ya ningún color,

es un prisma que no distingue matiz, una épica sin héroe.

No siente, no habla ni vocifera, idas sus ansias y el orgullo de sus entrañas. No posee más hombría, marchito corazón, viejos pulmones mas ya su riñón.

Es materia inerte, cuerpo sin color, ojos sin luz, corazón sin melodía... ¡Basta ya de obedecer al corazón! ¡Es sólo un músculo sin alma, pero sin el que la vida no es una canción!

Cádaver exquisito

Cádaver exquisito con Daniel Paniagua
Julio 07 / 2010

Estaba cansada de la misma rutina. Siempre se levantaba con el dolor bajo en la espalda y con un mareo embarazoso. Siempre era la misma cara en el espejo. Algunas veces más blanca.

De todos modos no importaba demasiado, el desprenderse de sí es un proceso lento y doloroso, tal y como el amor, tal y como la muerte. La tarde era casi normal. Lo que no concordaba era su ausencia, que olía a rosas y a pegamento para paredes. También un poco a trementina porque ese es el olor de los artistas. Él pintó mis paredes con crayolas y nunca nada borró eso. Ni los avisos en papel periódico del teatro. En mi casa dejó las cenizas de decenas de cigarrillos, pero todas las botellas de vino aún se conservan. Las copas están en la mesa, la mesa está puesta, pero ya él no cocina para mí.

Parece un cuento de no acabar. Todo lo que nos ha pasado es cíclico. Lo malo es que no nos enteramos y nuestra vida sigue tal cual; como cuando el perro se persigue la cola y se sienta creyendo que no es parte de él. ¿Pero qué más queda? Si es que somos así. O sí no, me rindo. Ya estoy cansada de averiguarlo. No sale en los diarios, no sale en la tv, no sale en la radio. Ni siquiera en los rostros de la gente en el tren logro definir cómo somos, cómo soy. No logro desnudar la naturaleza humana. Lo más cercano son los pétalos de las flores y la poesía. Soy una novela sin título. Una mancha en el papel, la última solución de un químico, una cometa sin piola, un computador sin internet, Julia Roberts antes de Pretty Woman. No hay nada qué hacer. «Lleváme con vos», le dije. Pero el único resultado de mi súplica fue un “Ya no hay tiempo para eso”; luego me besó la frente y se dio la vuelta para no ver la lágrima en mi mejilla. Cerró la puerta. “Adiós”. Me quedé en la penumbra contemplando sus fantasmas infinitos que poblaron este lugar por tantas noches. Los besos en el mesón de la cocina aún podía olerlos cuando me deshice en el piso a llorar. Cada respiro que tomé en esa casa olía, sabía como él, como nosotros. Ya no importó más ni el tiempo, ni las cicatrices, ni su ausencia, ni su cáncer, ni los tres meses de quimioterapia, ni su vacío funeral.

Escrito hace más de dos semanas...

Vamos tú y yo,

a perseguir la luz del universo,

para que vuelvan sólo historias

de tiempos de verano.

Vamos al sol,

para que me tomes de mi cintura

y me susurres tus poemas al oído.

Vamos al tiempo

en el que las mariposas nacían sin capullo,

los árboles brillaban;

en el que los amantes se besaban.

Vamos a donde los gatos cantan a la luna,

a donde se mecen las ramas taciturnas.

Llévame a donde me cantes en silencio,

a donde me enreden tus piernas.

Vamos,

Para nunca volver.

Para mandar cartas

que sean la envidia

de los enamorados sin sol.

Vamos.

Llévame.

Descálzame.

Arrópame con las memorias que trae el mar.

Lleváme hasta esa delgada línea azul,

Allá a donde no se sabe si es cielo o si es mar.

Llevame.

Y amame.

Sólo ámame.

jueves, 23 de septiembre de 2010

lunes, 13 de septiembre de 2010

Lecciones

Metafísica
Son a ¾
Sodomía
Ya tus ansias…

El antiguo cantar de mi abuelo pregona:
“Muchacho, hay miles de mujeres hambrientas!

No salgas detrás de aquella quien se pavonea en rubios rizos
Te seduzca con piel morena
Ni te desnude con claros ojos

¡Quédate con quien lea tu poema!

Con los pechos que sostengan tu cabeza
Con las piernas que envuelvan tus miedos
Y la voz que enternezca tu tristeza.

He ahí la dicha, muchacho
El color y el lugar que le corresponde a tu hombría”

Sonreía bajo sus lentes testigos del ‘44
Retumbando el eco de su soledad y su aliento ron intoxicado

Cuan sabio era el abuelo…
A pesar de que murió solo
Con la cabeza en el aire
Los miedos por los poros
Y su tristeza errante.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

¿Qué cantás?

¿Qué cantás cuando no te observan los gatos,

Que se olvidan por un rato de la luna?

¿Qué cantás, que vibrás con la vida,

Como una flor que se sacude con el viento?

¿Qué cantás, en tu soledad intrigante,

En tu misterio violeta,

En tu enigma inconcluso?

¿Qué cantás al oído del universo,

Que yo quiero oírlo en un susurro muy bajo?

¿Qué fluye por tus venas

Que te estremecés con letras que desconozco?

¿Qué nombre,

Qué ego,

Habita en la lírica de tus emociones?

Cómo vuela libre tu voz…

Tranquilizadora

Como una mano en un hombro,

Como la luna de un gato negro,

Como un refugio para la lluvia…

Cómo se sacude el brillo de tu cabello,

Como arena que se levanta con el viento…

(Sos el verano de mis días).

Poema inconcluso,

Incertidumbre,

Densa oscuridad en tu par de ojos.

martes, 7 de septiembre de 2010

lunes, 6 de septiembre de 2010