Aquí encontrarás un proceso. Dibujos diarios, etapas de proyectos y bocetos que puedes comentar, discutir y opinar.
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lunes, 11 de octubre de 2010

(Poner título, o 'Sin título' es determinar demasiado esta historia)

PARTE I

Octubre 11, 19:17

No puedo describir de otra forma lo que sentía esta tarde. Me sentía como una adolescente el día después de hacer el amor por primera vez. Por supuesto que ni soy adolescente, ni hice el amor, y no sería tampoco la primera vez. Fue una sensación para nada sexual, pero sí totalmente placentera que no puedo decir en este idioma ni recordar de otra manera más que como ‘Joy of life’. No fue un beso. No fue sexo. No fue nada. Ni siquiera un simple abrazo. Fueron nuestras dos naturalezas entremezclándose mientras nuestras lenguas tenían un encuentro bajo un árbol de limones. Nuestras narices, la suya perfecta y la mía de una estética algo descuidada, sobándose, saludándose, teniendo vida propia, enamorándose del olor recíproco. Fueron nuestras caras, nuestras pieles que resbalaban, su mejilla por mi frente, mis labios cerrados por sus oídos. Nada sexual. Simple naturaleza provocando un orgasmo que tenía más que ver con las sensaciones internas que con órganos carnales y genitales. La Pacha Mama reviviendo dentro de cada uno. No sé cómo describirlo. No sé cómo hacer creer que fue real. Porque no quiero escatimar en palabras, ni tampoco detallar con el ánimo de una poesía barata. Pude haber dicho que la noche estaba estrellada. Que desde la montaña nos miraban dos ojos de un gato. Que el viento soplaba con una fuerza que no arrastraba nuestro cabello sino sólo lo acariciaba con el cuidado de una madre. Que las luciérnagas nos miraron ese corto instante del encuentro con envidia. Pero no fue nada de eso. Describir un orgasmo, y más cuando nada con sexo tiene que ver, es cosa de locos. Es atrevido, criminal, blasfemo. Describir un orgasmo es cuento del que no siente nada. Él ni siquiera toco mis senos. Ni siquiera resbaló una mano por los tirantes de mi camisa. De hecho, yo tenía mis manos abrazándome por el frío. Pero, no olvido la sensación que me dejó aquello. No fue un beso. No fue sexo. Fue el encuentro de dos naturalezas desnudas que se hallan y llegan juntas a un clímax. Y una sensación, que a pesar de todo, me deja como la adolescente que ha perdido su inocencia, con el pudor y la culpa de hacer el amor por primera vez.


PARTE 2

Octubre 11, 23:35

No sé porqué. No sé porqué, pero cuando salí hace un momento a fumar un cigarrillo al jardín, me tumbé en la hierba y miré hacia el frente, que es el cielo, mi mente se puso negra, negra, negra como la noche. Y lo único que podía ver, era en mi entrecejo las dos luces que nos observaban ayer desde la montaña, como testigos luminosos, como los ojos de un gato. Así tenía mi mente ayer en ese encuentro. Nunca, y aunque aquello no fue exactamente un beso, nunca pude tener mi mente tan neutra cuando mi lengua camina sobre otra lengua. No sé si se debía a la terrible oscuridad. No sé, de hecho, si el negro tuviera algo qué ver. Pudo ser que alguien encendiera la luz y mi mente se tiñera instantáneamente de cualquier color, cualquiera que fuese el color de la luz. Pero estoy casi segura de que hubiera estado neutra, implacable, como si acabara de nacer. Siempre que beso, mi mente anda ocupada en otras cosas, no me preguntés qué cosas. Varía dependiendo del sujeto. Pero nunca, y repito: NUNCA había tenido la mente tan blanca (negra) como cuando nuestras lenguas se tocaron. Y he de confesar que me asusta bastante. Me retuerce. Es bastante egoísta de mi parte pensar que yo me asuste, y no preocuparme por el susto que te debe dar a vos lo que yo escriba. Una niña, en un cuerpo de niña, escribiendo sobre un niño, en un cuerpo que ha girado al son de la tierra más de treinta veces. Mirá, mirá vos… que no sé dónde tenés los ojos; escuchá con cuidado esto que te digo. Vos ya estás dentro de este juego. Y esta es mi historia. Y mis historias, siempre continúan…


PARTE 3

Octubre 12, 1:35

Mientras pensaba en las metáforas de lo que me acababa de pasar, descubrí que, no sólo aquello que acababa de pasarme era la más grande de las alegrorías, sino vos, y la vida entera. Yo sabía todo aquello desde el más íntimo de los principios. Cómo desde la vez en que me colgaste el teléfono riéndote. Cómo la vez en que escapaste de mi historia. Y como ahora que me dejás hablando sola. Y decís creer siempre que una mujer te dice algo. Pero la historia se repite de manera fractal. En mí, por ejemplo. Yo ahora te creo toda la mierda, toda tu mierda. Pero en eso consiste el juego ¿no? No sé vos, pero yo te determiné como niño. Y por lo menos yo, bueno, yo sí soy bastante inmadura y niña. Así que decime, ¿A quién pertenece el juego y quién pone las reglas, quién es el anfitrión? Tengo sueño.


PARTE 4

Octubre 13, 23:51

Siempre fui totalmente natural en cuanto a todo lo que le decía. Todo me salía siempre de las vísceras. Pero ahora, después de habernos encontrado debajo del árbol de limones, yo no sé qué pensar. ¿Será que si le escribo, pareceré una adolescente que no ha pisado el piso veinte? No lo sé. No me importa que él tuviera 11 años cuando yo era un embrión bastante baboso. Ahora que lo conozco, 19 años después de eso, me parece que su tiempo se congeló. No. Y no. Y no creo que su cuerpo haya girado 31 veces parado en casi el mismo punto de este planeta. Es, simple, extrañamente, inconcebible. Para mí, que siempre fingí ser mala en matemáticas, esto resulta ser un verdadero problema. No sé cuántos años tiene. Y no es cuestión de no creer en lo que él me dice. Ni de creer en los que yo creo que tiene. Es porque pienso que no tiene ninguno. O que los tiene todos. No. Esto tampoco es una obsesión. Y tampoco se trata de que él me guste, porque sonaría cliché y él se aparta de todo eso. A uno le gustan muchas personas. Pero él es la oda a la indefinición. No sé qué genera en mí. Es tan exacto como dos y dos igual a tres. Esta es mi historia, él dijo. Pero en mi historia no soy ya una adolescente de 13. En mi historia… ¿Qué pasa en mi historia? Confusión. “To be continued…”