Aquí encontrarás un proceso. Dibujos diarios, etapas de proyectos y bocetos que puedes comentar, discutir y opinar.
Para ver un portafolio de obras terminadas puedes ir a http://anilinaverdeazul.tumblr.com/

jueves, 25 de noviembre de 2010

martes, 16 de noviembre de 2010

Bardo: Poeta celta, y por extensión, cualquier poeta épico.

Esplín: Melancolía, tedio de la vida.

Pignorar: Dejar en prenda, empeñar.

¡Gris es el atardecer del poeta! Del genio, del bardo, del alma dolida que aún vive con espinas clavadas. Triste él, que vive en el esplín. Azules las noches, azules. Matices inacabables, tiempo incansable, albas eternas ¡Pignora el artista su vida a cambio de un corazón! ¡De un día! De un resquicio que le devuelva su espíritu, su ímpetu; que rehaga su pureza corrompida ¡Pobre artista, pobre bardo! ¡Qué infeliz se fusiona con la mugre y el lodo, qué maltrecho que vive en las porquerizas, cómo sufre en el oficio central de su alma abatida! ¡Devuelve, Oh musa, el corazón al genio, qué ha cambiado tus cabellos por palabras efímeras y versos alejandrinos!

domingo, 14 de noviembre de 2010

Fistol: Alfiler de corbata

Pedreñal: Trabuco que se disparaba con chispa de pedernal. Trabuco: Máquina de guerra que se usaba en la Edad Media y que disparaba grandes piedras / Arma de fuego, de corto alcance, con cañón ensanchado por la boca.

Tracería: Decoración arquitectónica basada en combinaciones de figuras geométricas.


Bajé las escaleras del salón fingiendo una mirada inocente, mientras acariciaba con mi mano derecha el pretil de tracería. Cuando la anfitriona me vio, me acomodé el fistol y la miré de modo seductor, intento de hacerla partícipe de este juego mortal. Me moví con seguridad en la primera planta, tomé un coctel de la bandeja que llevaba con equilibrio y destreza uno de los mozos. Desafortunadamente, el pedreñal que llevaba en el bolsillo no me haría ver como un matón de alta sociedad; pero sin duda era más letal que cualquier otro trabuco. Descorrí dentro de la habitación que ya me parecía inmensa, e introduje despaciosamente mi mano dentro del nicho en mi pantalón.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Danzaré sobre tu vientre

te dibujaré mariposas

escribiré los poemas de otras épocas

subiré hasta tu garganta

y exhalarás un suspiro

encantado, abandonado, exaltado.


Daré vueltas enardecidas por tu ombligo

haré mi mejor arabesque

te contaré tu lunares

y los guardaré en un sobre

que se elevará con las cenizas del viento

se mezclará con el perfume de otoño

y volverá a los mares del puerto.


Descenderé de tu pecho a tu ombligo

y le diré en un susurro

palabras que envidiarán tus oídos.

Bailaré con mi boca un último tango

entre los recovecos de tu piel

y encontraré esencias infinitas

que desconoce tu ser.

Escudilla de glosemas

Escudilla: Cuenco a modo de media esfera en que se toman sopas o caldos.

Parterre: Jardín o zona de él con césped y flores.

Glosema: Unidad mínima (lingüística) capaz de transmitir un significado.

No había otra opción, la única salida posible –y segura – era por el parterre de la casa. Había planeado esta intrusión por meses y ahora estaba allí, de pie ante el ventanal que separaba el jardín del interior, a sólo segundos de una emboscada. En la mesa del patio había aún algunas escudillas servidas que no habían alcanzado a ser tomadas. Las derramó con un gesto desesperado intentando distraer el paso de quienes lo seguían, trepó la pared y cayó fuera de la mansión amurallada. Ya desde la inmensidad y la libertad de la noche, sólo escuchó cómo todos lo maldecían con glosemas.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Foto del día.

Foto del día


jueves, 11 de noviembre de 2010

El Noviembre de un gamberro

Descorrer: Volver a correr el espacio corrido.

Gamberro: De conducta grosera o incívica, que molesta a los demás o daña la propiedad ajena.

Pretil: Antepecho o baranda en puentes y otros lugares, para preservar de caídas.

Había sido un día para nada amable con él. Por lo general sus días nunca le daban una bienvenida calurosa, y sin embargo éste le había sido particularmente huraño. Todo había terminado, pero esta vez era más real, más que aquella lluvia amenazante y silenciosa de noviembre. Salió dando tumbos del cubículo gris que era su oficina, intentando contener el llanto que lo quebraba dentro como si fuera cristal puro. Descorrió el puente que atravesaba el río que separaba el trabajo de su casa. Él era tan sólo un minúsculo guijarro en la magnánima obra de ingeniería; nadie notaría su conducta incívica. Pasaría como un gamberro cuando rompiera el pretil del punto más alto del puente. Pero el único testigo sería el agua salvaje y de frío punzante como mil cuchillos que lo esperaba abajo. Luego, todo sería silencio y misterio, pero nadie lo notaría.

El colla del anemocordio

Esta es mi nueva modalidad diaria: Tres palabras al día y un cuento de 100 palabras.

Anemocordio: Arpa

Colla: miserable

Febricitante: que tiene fiebre


La puerta de madera se entreabrió con tres crujidos cuando el gato negro asomó la pequeña cabeza por el agujero que descubría la escasa luz que había en la habitación del campesino. El hombre, que había perdido cuatro dedos en la guerra con Irlanda, había aprendido a tocar el anemocordio con sólo seis dedos. Era un colla; y su madre febricitante yacía en una litera, a tres pasos de la muerte. Aprendió a leer partituras con el maestro del pueblo más cercano, que lo follaba dos veces a la semana a cambio de comida para sus tres hermanos.

Alejo

Era la séptima vez que me ocurría en esta semana. En realidad pudo ser más fácil decir: “Me ocurrió cada día de esta semana”. Pero yo estoy acostumbrada a las resonancias, redundancias, recovecos, recuentos y reduplicaciones. Era la…

Iba a comenzar a contar una historia diferente, pero dejémonos de banalidades. Sobre lo único que sé escribir es sobre él: es mi especialidad, soy máster en vos. Si escribo sobre mi vida antes de vos, tiene que ver con vos porque era mi vida antes de vos. Si escribo de mi vida con vos, hablo de vos. Y si lo hago de mi vida después de vos, también entrás, porque todo lo que me pasa es por vos, todo lo hago por vos, todo lo inundás, todo. No engaño a nadie, ni a mí misma, como me pasa más de siete veces en la semana.

… Era la séptima vez que me engañaba esta semana. Siempre consigo tragarme muy bien mis propias mentiras. He de admitir que nunca fui buena para mentir, excepto en la pintura. Y sin embargo, decía contables mentiras en un día. Las mejores, ésas, me las tragaba yo misma. Aún cuando fueran mentiras que alguna vez fueron verdades. Mi mente es profesional en distorsionar imágenes.

Ésta fue la séptima vez en que me levanté pensando en él. Y como ya lo he dicho, puedo ahorrarme explicaciones diciendo simplemente que cada día me despierto y él es lo primero que aparece en mi mente. Me atrevo a decir que él es mi reloj despertador, o que mi reloj despertador tiene la forma de él.

No sé escribir sobre otra cosa que no sea él. En realidad lo intenté y estuve segura de que esta historia no trataría sobre esto. Iba a decir que era la séptima vez en la semana que tomaba el bus errado, o la séptima vez que un chicle se adhería de mi zapato izquierdo, o la séptima vez que dejaba olvidado mi sweater en casa de Alejo. Pero todos hacen parte de ese reducido grupo de mentiras que no me trago. Lo mastiqué. Pero luego tuve que escupirlo sin pensarlo cuando caí en la cuenta de que, no importa de qué hable, todo se relaciona con él. Porque en el bus pienso en él, y cuando piso chicles pienso que hubiera sido bonito estando con él o que hubiera podido dejar mi sweater en su casa y no en la de Alejo. Alejo no existe, por supuesto que no. Alejo es la tabla superior de mi guardarropa.

Tres cosas -muchas cosas-

Tres cosas -no las olvide- : desocupe, procrastinación y mucho qué pensar.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Carta directa a tu fantasma

Depurarte siempre hace todo más difícil. Nunca es bueno hablar con nadie de lo que nos pasó. Creéme. Siempre agudiza más el dolor, hace parecer todo más reciente, aviva la herida, y sobre todo, revive el sufrimiento. Y a pesar de eso, hay veces en las que es necesario. A veces me quedás jodidamente grande. Tené en cuenta que soy un puto vacío. Y que todo lo ocupás vos. Y aún así, me seguís quedando jodidamente pesado.
Yo te aguanto cierto tiempo. Algunas veces entramos en una relación de comensalismo y tu fantasma vaporoso se alimenta de mi sangre; incluso algunas veces es mutualismo porque te uso para escribir, para inventar, y para decir mentiras. Algunas veces te uso para cometer el único error semántico que me permito: una coma antes de la “y”. Pero otras veces, muchas veces, la mayoría de las veces –y no tiene que ver con mi regla; siento tanto hablarte de asuntos de mujeres – no te soporto y se me agota la paciencia. ¡Te tomás demasiada confianza! Y bien que te he permitido bastante. Te di copia de las llaves de la casa y una alcoba bien amueblada, pero vos querés todo ¡lo querés todo! y no te basta nada. Te imploro en buen tono que te largués. Que te vayás de una vez. Pero vos insistís y decís que todo va a salir bien, que en unos meses no notaré tu presencia. Yo, a decir verdad, siempre actúo como si te creyera –porque ya sabés que soy bastante cobarde para derramar ese líquido salado que sale de los ojos – pero nunca te creo una palabra.
Ganás. Ganás vos. Nunca me repondré de esto. Encendé la tv y actuá como papá a fin de que no te note la presencia. Bajale el volumen que yo me meto entre las cobijas y enciendo el radiador. No, no estoy llorando. Andá, seguí en lo tuyo. No son lágrimas, que no. Ya te dije que soy bastante cobarde para eso.
Permitime entrar amigos a la casa. A fin de cuentas sos sólo un fantasma y la única que sabe que vivís aquí soy yo. Ninguno de ellos notará que existís. ¿No me dejás traer hombres a la casa? ¿Pero si es mi casa? Porqué. Mierda. Los espantás siempre. Joder. Dejate de juegos. Nadie sabe que existís, sos transparente –para mí azulado; pero soy la única que lo ve así - , para qué insitís en hacer notar una presencia tan sublime. Amigas tampoco, excepto si es para hacerme doler la garganta a fuerza de retener lágrimas, o para envidiarlas por ser todas aptas para enamorarse y librarse de fantasmas.
Ya te quedás aquí gratis, encima te doy el alimento, no te exijo y tampoco te he puesto reglas. Qué más querés. Estoy cansada de este juego. Ya te dije que sos el único. Ya lo sabés de sobra. Cerrá la puerta y lárgate. Siempre serás el único. Siempre serás el que me despertó. Siempre serás la única melodía. Samson. Quién querás ser, podés ser. Serás la esquina en que nos besamos y que cruzo cada día. Serás el aire de mis días. El agua que me baña. El amanecer rosa que contemplamos. La foto que iluminamos. La arena en la que escribí nuestros nombres. Serás mis libros de Neruda. Serás mis acuarelas. Mi pared, mi cama, mi almohada. Serás el teflón de mi sartén. La hamaca de mi cabaña. La brisa de la playa. Serás las olas del mar. El ritmo de la poesía. El acorde sol de mi guitarra. Serás el timbre de mi voz. Serás la canción “Take my heart”. El chocolate que me endulza el día. El perfume de mis camisas. Las notas de amor. Los esbozos de mis libretas. El nombre en la última página de mi cuaderno. Serás una tarde cocinando Muffins. Serás el atardecer, el amanecer. La tinta de mi tatuaje. El brillo de mis ojos. La reacción química de mis fósforos. Una tina caliente. La esencia de mi vida.
Si no quedás contento con eso, serás también la nostalgia de mis días, el insomnio de mis noches, la llave perdida hacia mi conciencia, la memoria que perdí, mi conocimiento olvidado. Serás lágrimas saladas. Serás la sangre que brotará de mis poros cuando muera, susurrando, por última vez, clara y ciertamente tu nombre.
Llevo más de quinientas noches pensándote, -aquí iría la palabra ‘cariño’, pero nunca fui buena para usar sobrenombres tiernos – y por primera vez quisiera dormirme y levantarme con la certeza de que no habrá nada de vos en mi día. Es cierto, que he despertado pensando en otros hombres. No fui célibe en un año y medio. Pero en el pasar del día te encuentro en colores, en lugares, objetos, personas inesperadas. En piedras insignificantes, en la nota de una canción, en el aire del día. Casi siempre en el ocaso. Casi siempre en mi melancólico insomnio en el alba.
Te regalo unas vacaciones –qué más quisiera que yo sin pasaje de regreso - : disfrutalas. Sin mí. Enamorate como lo hizo hace tiempo tu cuerpo real. Enamórate de otro fantasma, de alguien de tu naturaleza, y permitime a mí el privilegio de enamorarme de alguien de la mía: un humano de carne y huesos reales, con una boca real, con ojos reales, que emane un perfume real, que tenga defectos reales, que me ame dentro de este espacio y tiempo reales. Andá, volá, sé libre. Enamórate de un fantasma envenenado que te hunda y te pudra como me pudriste a mí. Mentiras. Ojalá no. No le deseo tal suerte a mi inquilino de año y medio. No te deseo más que libertad. Y merezco lo que te deseo. Deseo libertad. Soltame que no quiero ser rehén dentro de mi propia casa. Hogar no soy ahora. Me redujiste a vana construcción arquitectónica. Dejá que me habiten espíritus puros, no fantasmas contaminados.
Para mí es difícil. Lo sé. Lo sabés. Claro que lo es. Sos la inspiración de todo lo que hago. Cuando ya te hayás ido, no quedará nada. Sabés que me embargarán la casa, tarde o temprano vendrán. Sabés que no volveré a escribir en un buen tiempo. Sabés que tendré que agarrar fuerte mi pecho a fin de que no se comprima por el vacío. Que mi cabeza será una jaula vacía para pájaros. Pero no importa: tomo el riesgo de ser un vacío. Porque quiero llenarlo con colores, con esencias humanas y no con escombros espectrales. Te necesito porque sos mi elemento. Te necesito para identificarme con las historias que trae el mundo, con las películas, con la música. Te necesito para presumir -y a veces lamentar- que me enamoré. Dolerá, claro que dolerá. Duele el proceso de cicatrización. Pero duele la herida abierta y vuelve a doler cuando te menciono y revivís. No me besés antes de salir. Hacelo ahora. Vete. Es tu oportunidad y es la mía. Enamorémonos, de otro, de otros. No guardemos, no retengamos, no recordemos. Nos contamina. Viví y dejá vivir, volvé a la vida, donde está tu cuerpo que alguna vez me dio besos reales. Dejá a mi alma sola dentro del mío, que seré besada por hombres reales de nuevo. Pero no quiero pensar que están besando tu fantasma, nos duele. Tenían razón: el amor es como el fuego ¡Cuánto arde! Cuánto me quemás la piel, cuánto inflamás adentro. Vete.
Te escribo. Te escribo directamente porque aunque vivás en mi casa, hace más de año y medio que no te miro a los ojos. Vos sos Sartre, y yo una pasajera más de un bus que se sube para ir a casa y baja la mirada ante el poder intimidante de la tuya. El infierno son los otros. Empacá esta carta en tu maleta, y no volvás.
Siempre. Siempre. Siempre.
Hasta el otro lado.
P.D. Te amo.

martes, 9 de noviembre de 2010

Para mí, aquello fue la muerte de Mí-misma, y tuve que acostumbrarme a vivir sin ella.

Así como cuando muere el padre, así como cuando se va para siempre el amor verdadero. El cuerpo se resigna a vivir sin esa esencia.

Mí-misma murió cuando mi cuerpo aún era bastante joven y tenía la piel blanca y los ojos brillantes. Entonces, con el tiempo, fantasmas de otras épocas y otros espacios fueron mudándose para llenar un vacío que era frío y oscuro. Mi cuerpo se atestó de identidades. Como quien pierde a su eterno amor y se revuelve en la promiscuidad.

La muerte de Mí-misma fue lenta -y dolorosa-. Una enfermedad terminal que llegó un día sin avisar. Mi propio cuerpo -y a veces también el de Mí-misma- condujo a todo esto.

Algunas veces me asalta la culpa, no tiene sentido negarlo. Pero siempre es fácil evadirlo -diferente es olvidarlo- entre tantas falsas identidades que me habitan. Siempre son el vino, la pasión o el cigarrillo los que distraen el cerebro del recuerdo de la muerte de Mí-misma, y de la muerte de mi padre, y de la muerte de mi amor verdadero. Todos se han vuelto, ciertamente, espectros azulados de un pasado que no existe, no ahora.

Será la poesía, serán los demonios, serán mis fantasmas los que ahora me ayuden a olvidar su muerte, la de Mí-misma, y la de él, porque ella lo llevó consigo de la mano hacia ese lugar envenenado -más envenenado que mi propio cuerpo- que es el inframundo.

Pero, qué más da, si ya estoy bastante enamorada de mis propios demonios.

lunes, 8 de noviembre de 2010

El olor del pecado

domingo, 7 de noviembre de 2010

Siete de abril



Voz: Lina Moreno
Pista de fondo: http://www.youtube.com/watch?v=V9EGxC1QaBg
Texto: Lina Moreno
Edición: Lina Moreno
¿Es mucho pedirle a la vida?
Optimizar el tiempo...
Una tarea difícil, incluso para quienes omitieron 'el ocio' como tema en la clase de 'Historia de Grecia I'.
Que conste. Que lo escribo para que quede como testimonio.
Que de hoy en adelante, cada día:
Haré un dibujo.
Tomaré una foto.
Tocaré una canción.
Pintaré.
Escribiré.
Leeré diez páginas.
Conoceré 3 nuevas palabras en el diccionario y haré un cuento de 100 palabras.
Otra cosa que sea productiva.

Y aunque tal vez no suba eso al blog, les mostraré que cumpliré la promesa (necesito prometerlo para volverlo realidad).
Hoy, me despido del ocio.
Hasta luego.

Siete de abril

Siete de abril era el día
en que pálidas féminas
escondían el pecado bajo sus faldas.

Subí al tren de la estación de Alquimia
y sólo vi mujeres
que escondían el pecado bajo sus faldas.

Hombres que las anhelaban en estaciones abarrotadas
más allá de la quinta estrella, ingorando
que esconden el pecado bajo sus faldas.

Mujeres con sonrisas que no disimulan
y olor de otros cuerpos aún consintiendo su piel
que esconde el suave pecado bajo sus faldas.

Flores marchitas de un verano sin descenso
pétalos sin dueño ni nombre, que moriran entre piernas
de damas que esconden el pecado bajo sus faldas.

Perfumes sin procedencia
besos sin pasado, sin futuro
sólo un presente que esconde el pecado bajo sus faldas.

Ni siquiera amor
¡Tan sólo amor!
¡Sólo el pecado bajo las faldas!

Ya los besos no habitan en las bocas
ni los fluidos en las vísceras, so de escaparse
y esconderse tras el pecado bajo las faldas.

Placer, la voz de las gargantas,
que agitadas revientan las perlas, los gritos agudos
de féminas que esconden el pecado bajo sus faldas.

En sus maletas de cuero, herrajes de plomo
entre sus encajes, entre sus tirantes
esconden mujeres, el pecado entre sus faldas.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

El domingo pasado.

Hoy tengo la extraña sensación de que no existimos.

De que somos sólo una esencia que toma forma con el aire y se convierte en figuras que pueden ocupar cualquier espacio, en cualquier lugar, y en cualquier momento.

Hoy pienso que somos únicamente aire. O alguna bizarra materia invisible que toma color cuando hay movimiento dentro de la naturaleza humana que condena a cada ser.

Y de esto ser así como lo pienso, entonces sería yo infinita y no habría materia que me contuviese y podría fluir como tinta en el agua, como humo y perfume en el aire.

Y entonces transpasaría barreras. Pero jamás podría apropiarme de ningún lugar. No tendría procedencia ni destino, no pertenecería a ningún origen y sería libre, libre en escencia. Nada me ataría, no tendría carne para ser amarrada con cadenas.

Sería una nebulosa que se desmaya y revive. Sería parte del perfume del universo.

No habría maldiciones, suertes, azares, caminos. Ni sepulturas, ni tiempo, ni espacio. Habría eternidad que transcurre cuando se la ve pasar desde los miradores.

Estaría, definitivamente, más cerca del firmamento, pero no habría manera de tocar una estrella, entonces la atravesaría con mi escencia, la contendría, la abandonaría.

Tendría el cronos y el universo entero para decidir cuándo y dónde enamorarme.